¿El último ensayo?

noviembre 22, 2020


Veo en las redes la indignación  por parte de las salas de conciertos del menosprecio que se les ha dado por parte del gobierno en estos momentos tan complicados, llevan razón,no digo que no y están en todo su derecho de exigir, pero ¿alguién se ha parado a pensar en los músicos?

Los músicos, esa especie en vía de extinción... para haceros una idea, cojamos una banda de jóvenes que empiezan a tener un nivel para poder empezar a girar.  Esos jóvenes han estado durante mucho tiempo pagando (y siguen pagando) local de ensayo, además de la formación de cada músico que cuesta dinero. Después está el equipo, conforme va desarrollándose el proyecto los músico necesitan un equipo medianamente de calidad, no hace falta que sea de boutique,pero tiene que cumplir unos mínimos. Lo siguiente es la grabación del EP o álbum, es cierto que hoy día "cualquiera" puede hacer una grabación medianamente decente gracias a las nuevas tecnologías en su home studio. Pero una cosa es hacerlo de forma amateur y otra cosa, es que quieras que suene profesional y en ese aspecto ya si hay que invertir dinero. Recordad que estamos hablando de chavales de 20-25 años, aunque viendo la situación de muchos músicos en este país antes de la pandemia, se puede extrapolar a cualquier rango de edad. 

Tras la grabación hay que mover el álbum, invertir dinero en merchandising, marketing, agencias de management & Booking, etc, etc. Y eso es dinero que normalmente sale del bolsillo del músico, los bolos no suelen dar suficiente dinero para cubrir todo esto a no ser que seas una banda muy rodada y aún así la mayoría de las veces no salen las cuentas, lo normal es palmar pasta. Y si ya nos metemos en giras de varias ciudades o el extranjero, el descalabro puede hacer temblar los cimientos de la misma banda. 

Y ahora viene el asunto peliagudo, las salas, esos espacios donde los músicos tienen que alquilarlas para poder tocar. No digo que todas sean iguales, pero en muchos casos las bandas tienen que montar el bolo con varias bandas amigas porque es imposible pagar el alquiler de la salas. Y estas, en la época de vacas gordas no querían bajarse del burro. 

Así que cuando volvamos a las salas a ver a nuestras bandas emergentes, y nos alegremos de que las salas hayan vuelto a abrir, deberíamos ver más allá y ver que seguramente esos músicos sobre el escenario, esa noche perderán dinero o solo cubrirán gastos aunque estén dando un bolazo como si fuera su último concierto.







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