La vida del músico: ni contigo ni sin ti.

septiembre 20, 2020


 
Este pasado 17 de septiembre hubo diferentes manifestaciones con el lema #hacemoseventos #alertaroja a lo largo y ancho de la geografía española donde se pedía el apoyo a la cultura y a la música en general.

Unas movilizaciones que han sido todo un éxito, pero que a mi parecer, y tras las declaraciones del ministro de cultura (al reconocer las salas de conciertos como salas culturales), se sigue dejando de lado la parte más débil pero imprescindible para que la música en directo siga en movimiento: los músicos. 

No voy hablar del resto de trabajadores del gremio (que respeto y aplaudo) porque lo desconozco pero lo que si está claro es que si no fuera por los músicos la cosa estaría aún más cruda. Los músicos, son una especie en extinción en este país y han sido marginados y siguen siendo los marginados por parte de los organismos públicos y por la idiosincrasia de la propia industria musical.

Está claro, que no se puede generalizar, y habrá casos donde los músicos estén muy satisfechos de trabajar en tal lugar o con fulanito o menganito, pero lo que está claro es que llevar un proyecto musical cuesta mucho tiempo y sobretodo dinero que en la mayoría de los casos es a fondo perdido. (al menos en todo lo que es relacionado con la música rock y metal) 

Y aquí es donde se cumple a rajatabla el famoso por amor al arte. En el 90%, de los casos esos músicos no pueden dedicarse a vivir de su obra, y tienen que complementar con otros trabajos. Por otra parte, la mayoría de las veces por no decir casi siempre, esas bandas suelen perder dinero en bolos, o tienen que montar bolos compartiendo con otras bandas porque es inviable pagar el precio del alquiler de la sala, que en muchos casos no se bajan del burro. Hablamos desde un punto de vista local, pero si la banda se tiene que desplazar el gasto ya es mayor y seguramente acaben por palmar pasta. 


Y señores todo en esta vida cuesta dinero, si quieres tener un buen sonido, hay que contratar a un buen técnico de sonido, hoy día no será ni la primera ni la segunda banda que uno de sus miembros vale para un -todo en uno- que hace tanto de músico, como de técnico de sonido, pipa, etc, etc. porque la mayoría de veces no se toca en sala (que es lo que le gustaría al músico, no, la mayoría de las veces se toca por ejemplo en el  "Juanito´s Rock Bar" que lo vende como sala y por no tener, no tiene ni equipo de sonido y la banda tiene que alquilar el equipo. Por no hablar ya de los abusos que pueden sufrir  cuando el dueño le pregunta que cuanta gente le va a meter en su "sala" y que van a % de caja. 

Esto lo digo por poner un ejemplo de los miles y variopintos de abusos a los que se pueden enfrentar las bandas a la hora de dar un bolo.


Lo que quiero decir es que al fin y al cabo los más perjudicados aquí son los músicos. Las salas de conciertos, están ahí pero tienen la posibilidad de reconvertirse, cosa que el músico no podrá hacer. Hay salas que no sólo dan conciertos, muchas ofrecen diferente variedad de eventos.


Y bueno, después viene el tema de "trabajar en B" que eso es otra, un sector con tal precariedad obliga al músico a trabajar en B, a no ser que las condiciones después de hacer mil cuentas, te salgan lo justo ya no para ganar, sino para no perder pasta y no merezca la pena seguir. Después de pagar local de ensayo, equipo, agencia (si la tienen y que tampoco se aproveche de la banda) y alquiler de furgoneta para dar un bolo en Villa Rock de la sierra sobre dos palets por un bocadillo y una cerveza, y acabar con menos dinero que uno que se está duchando, lo que menos le preocupa a ese músico o banda es estar dado de alta, más bien, lo que más le interesa es llegar a casa, descargar el material y mandarlo todo a la mierda. Pero como dice amigo mi Barón - esto es un veneno que va en la sangre-  y al final la cabra tira al monte. 


Si no queremos que la música muera, empecemos por los músicos. 

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